La Argentina entró en la cuenta regresiva para una nueva final del mundo. La Selección enfrentará a España este domingo, desde las 16, en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, con la posibilidad de conquistar el bicampeonato y ampliar el ciclo más exitoso de su historia reciente.

Lionel Scaloni todavía debe resolver algunas dudas en el equipo titular. El entrenador reconoció que varios futbolistas llegan con desgaste físico y sostuvo que el último entrenamiento será decisivo para definir la formación. Gonzalo Montiel, Nicolás González y Rodrigo De Paul aparecen entre los jugadores que podrían ingresar desde el comienzo.

Sin embargo, la previa ya superó ampliamente los límites del fútbol. Mientras millones de argentinos se preparan para seguir el partido, el Gobierno analiza qué ocurrirá con el regreso del plantel en caso de una victoria. Las conversaciones incluyen posibles recorridos por la Ciudad de Buenos Aires, un recibimiento multitudinario y la eventual declaración de un feriado para facilitar los festejos.

La posibilidad de que los jugadores visiten la Casa Rosada perdió fuerza. Desde el entorno de la Selección buscan preservar el carácter popular de una eventual celebración y evitar que el regreso del equipo quede asociado a una expresión partidaria. En el Ejecutivo, de todos modos, aseguran que acompañarán la decisión que tome el plantel y que pondrán a disposición los recursos necesarios para organizar el operativo.

La discusión vuelve a mostrar la dimensión política que adquirió la Selección. Desde la consagración en Qatar, el equipo de Scaloni se convirtió en uno de los pocos espacios capaces de reunir a sectores enfrentados de la sociedad argentina. El propio entrenador lo expresó en la conferencia previa: el plantel juega por su gente, por el país y por las familias que esperan frente al televisor.

Esa identificación colectiva también explica por qué el actual proceso ya es comparado con los grandes equipos argentinos de 1978 y 1986. La continuidad competitiva, los títulos internacionales y la llegada a una nueva final fortalecieron la idea de que esta generación puede ser considerada la más regular y exitosa de la historia de la Selección.

A ese clima se sumó una controversia internacional por la bandera de las Islas Malvinas exhibida por futbolistas argentinos. El episodio generó pedidos de sanciones, pero también pronunciamientos de respaldo a los jugadores. Desde Estados Unidos descartaron consecuencias disciplinarias y el presidente Donald Trump mantuvo un contacto con Claudio Tapia en la previa de la final.

Mientras el Mundial concentra la atención pública, el oficialismo empieza a mirar hacia las elecciones de 2027. Dentro de la Casa Rosada toman forma las primeras discusiones sobre la estrategia para buscar la reelección de Javier Milei, con la reforma electoral y la eliminación de las PASO como algunas de las herramientas que el Gobierno considera centrales para ordenar su espacio político.

En paralelo, la agenda judicial sumó novedades en la investigación por presunto enriquecimiento ilícito vinculada con Martín Insaurralde. Una nueva pericia contable sobre el patrimonio de Jésica Cirio fue incorporada al expediente y podría derivar en nuevas medidas de prueba.

La jornada quedó atravesada así por una misma tensión: el fútbol como espacio de unidad nacional y la política intentando interpretar, acompañar o capitalizar un fenómeno que parece moverse con reglas propias.